jueves, 23 de noviembre de 2017

Cuarto rosa

Estábamos acostados, desnudos, las piernas enredadas, pero espontáneamente enredadas. Las sábanas extendiéndose desprolijamente bajo nuestros cuerpos. Podía no pensar, entregarme al momento, sentir su piel. Su piel se sentía como el único instante donde nada nos oprimía, nada nos juzgaba, nadie nos miraba. Estar acostados se sentía como si sólo ella y yo existiéramos.
  Caminábamos desnudos por el departamento, siempre desnudos. Estar desnudos era un acto de honestidad. No necesitábamos hablar, contarnos nuestra vida. En nosotros, en las personas, ya no hay instinto, y entre nosotros, que apenas hacía unas horas que nos conocíamos, había una honestidad tal de llevar comida a la cama y comer desnudos.
  Podía no pensar, y sin embargo, sin quererlo, lo hacía. La tristeza de que eventualmente ya no sería de noche, que tendría que irme y que esa noche moriría y esas versiones de nosotros serían extemporáneas, me dominaba a momentos.
  Nos habíamos liberado de nosotros por un rato, pero jamás nos liberaremos del tiempo.

Texto inspirado por la canción Cuarto Rosa del disco de Marcelo Sasso Perlas Abruptas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario